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Si pulsas en esta célula mi sangre textual circula

2/20/2012

SHAME

Dije ayer que dedicaría la semana al tratamiento de las adicciones. Ayer vi una película demoledora sobre la adicción al sexo. Michael Fassbender crea un sólido personaje que no deja respiro al espectador mostrando la desolación del alma humana. Cuando las acciones del cuerpo se desvinculan de los sentidos más nobles como la convivencia, el pudor, el equilibrio emocional o la familia todo se vuelve frio, estético, vacio, doloroso y torturador. Shame es el título y en inglés significa vergüenza. La vergüenza es un sentimiento que nace de la mirada del otro, del juicio moral del otro, pero que puede imbuirse en nuestras almas para controlar algunos de nuestros actos. La falta de vergüenza es la que lleva al protagonista a hundirse hasta el fondo en un terrible y devastador viaje que le deja vacio a él y al espectador. No es Shame una película amable, ni educada, ni cómoda pero es tan necesaria que da miedo. 

Hoy he visto cargas policiales en Valencia contra menores y no tan menores, contra niños y niñas, contra ancianos y algún minusválido, contra la razón y el derecho, contra la verdad y la justicia, contra alumnos y profesores, contra padres y abuelos. La policía recibe órdenes. Eso está claro. Pero si las órdenes las da alguien que adolece de vergüenza el camino a la sinrazón y el horror está servido. Mientras escribo estas palabras las comisarías se colapsan de detenidos y denuncias por parte de padres, cientos de personas se reunen en asamblea, twitter arde en llamas ante tanta indignación y ya he enviado tres o cuatro tuits a la consejera del Gobierno diciéndole lo inepta que es y que si le queda un ápice de vergüenza dimita. No me escondo, doy la cara y se lo he dicho sin tapujos. Lo he hecho porque el Estado de Derecho me protege y no quiero que se convierta en una desvergüenza, en una selva dominada por la ineptitud, se lo he dicho claro y alto porque no tengo miedo de llamar a los incompetentes incompetentes y a los sátrapas sátrapas. Valencia ha perdido la vergüenza y su delegada del Gobierno jamás la conoció.

Cada golpe que hoy se ha dado ha creado un nuevo demócrata, un nuevo luchador, pero no uno cualquiera sino uno de esos que lleva toda su vida grabado a fuego el sentido de la libertad. La portada de La Razón hoy es una vergüenza, los informativos de hoy daban vergüenza, las informaciones sesgadas de algunos medios daban vergüenza, que el Ministro de Interior esté oculto como una rata da vergüenza, que la delegada del Gobierno en Valencia Paula Sánchez no haya dimitido ya es una vergüenza, que los padres no tengan además de trabajo ni protección para sus hijos menores es una vergüenza, que se utilizen las cifras de paro para justificar acciones policiales inadmisibles es una vergüenza, que la policía quiera entrar en una Universidad sin permiso del Rector es una vergüenza, que se crean que estamos atemorizados y no vamos a movernos es una vergüenza y una mentira. 

No me da vergüenza seguir luchando por mis derechos, no me da vergüenza alzar la voz, no me da vergüenza luchar contra la mentira, no me da vergüenza decir a la cara lo que siento y lo que pienso, no me da vergüenza denunciar la agresión policial y defender el Estado de Derecho que no es esto que nos están vendiendo. No, señoras y señores, no tengo vergüenza. ¿Lo ven? Al final, Shame no era una película sobre la adcción al sexo. Valencia es simplemente adicta a la vergüenza.

David Marzal

Profesor de Secundaria y escritor




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